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Llevo semanas escuchando a un amigo decir, una y otra vez, que junto a nosotros debemos mantener personas que nos sumen y no que nos resten. Siempre sumar y nunca restar y estas palabras cada vez que se las oigo decir, que es muy a menudo, me hacen pensar.

He escuchado también el grito desesperado, que de unos labios brotaba, intentando comprender el por qué de situaciones que personas queridas o no veían o no querían afrontar y al verlas desde el exterior, esas situaciones, le provocaba un gran malestar.

He observado asida de un brazo amigo la distancia que hay en muchas familias, la soledad que en las parejas anida, el conformismo y la desidia. Y ante todo esto yo siempre le decía, a él y a otras personas que han sido importantes en mi vida, que yo no quiero eso para mí, que la vida es corta, que la vida es para vivirla y no vegetar a la espera de que algún día esa flor marchita vuelva a resucitar. Lo que se marchita nunca volverá a ser lo que fue, ya no tendrá ni el mismo olor, ni el mismo color por mucho que queramos pintarla para devolverle la belleza que un día en ella vivió.

En mi vida quiero sumar amor, sumar pasión, complicidad, comprensión, diálogo, sumar momentos que proporcionan felicidad, sumar amistad, lealtad, expresión y verdad y en ella quiero restar todo aquello que pueda empañar lo que deseo para ella sumar.

A veces hablo intentando explicar mi forma de pensar y sentir y lo que considero que es fundamental para vivir con dignidad y acorde a unos principios que nos hacen ser lo que somos y no lo que no somos, pero dichas palabras caen en un pozo que sin agua se quedó y por tanto por mucho que intentemos sacar agua de ese pozo poco podremos lograr porque no escuchan las palabras que decimos sino lo que quieren escuchar.

No sé si mi forma de pensar o de cómo quiero vivir es acertada pero lo que si sé es que la vida es breve, que hay sucesos que pueden cambiarla de forma radical, y entonces uno aprende que no quiere estar por estar pues esa es la peor soledad, que no quiere ser sin ser, que no se puede querer sin querer o vivir sin vivir porque uno se sienta más feliz viviendo en un sueño que en la realidad que escogió vivir.

Pdta: Si alguna vez me ves andando dormida, ¡despiertamé! Porque no quiero vivir una farsa sino una realidad

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