La personalidad del escritor

Debajo de ese ego grandioso se esconde alguien con una autoestima muy baja, sensación de poca valía personal y una fuerte inmadurez emocional.
Dado que estos sentimientos le parecen inaceptables, los oculta, creando en su lugar ese ego ostentoso, superlativo que compense esa mediocridad que no soporta. Pero al ser este un falso ego, algo que no siente realmente, necesita demostrar y reafirmar de forma continua dicha superioridad mediante la aprobación y los elogios de los demás, ya que es el único modo que tiene de verlo confirmado.

LORENA
Es como si no llegara a creerse del todo esa excelencia que trata de transmitir a su entorno.
Su existencia está basada en “absorber” a su pareja. Al ser una estructura humana vacía, necesita una pareja alegre, inteligente, creativa, persona que ama a la vida, con fuertes valores y gran carácter. Pero cuando la víctima ya está “absorbida”, y necesita sustancia fresca, busca otra y se presenta el mismo como víctima que ha sido abandonado y no comprendido.
Devorador de energía, es tanta su necesidad de admiración y aprobación que jamás aceptaría una pareja que le hiciera sombra en algún aspecto de la vida cotidiana, y si eso llegara ocurrir, la envidia lo consumiría y sería capaz de cualquier cosa por evitarlo.
El vampirismo emocional y el estilo de vida parasitario -gusta de vivir a costa de su pareja- son otros de los rasgos característicos de estos individuos aunque sean aspectos que siempre intente enmascarar.
Insensible, sin escrúpulos éticos ni morales aunque su mensaje sea siempre moralizador para los demás. Incapaz de amar, siempre está dispuesto a destruir -no lo soporta- momentos de felicidad de los que podría disfrutar con su familia, con su pareja o con sus amigos.
Embaucador, chantajista, timador, impostor, embustero, estafador, farsante y diabólico. Tiene una especie de pensamiento falso y engañoso, con proyectos irreales, fantasiosos, muchos de los cuales terminan -como no podía ser de otra manera- en tremendas frustraciones que soporta muy mal. Igualmente tiene abundantes expectativas ilusorias y grandes fantasías de éxito. Espera que su pareja cumpla con todas sus demandas, con todos sus deseos. Deseos que por otra parte, nunca se saben muy bien cuales son.
“Absorbe la energía positiva de la pareja, se alimenta de ella y se sienten regenerados pero al mismo tiempo, descarga en ella toda su energía negativa”
El problema del perverso narcisista es que tiene que apaciguar de algún modo su tremendo vacío interno. Para no tener que afrontar esto (lo cual supondría su curación), se proyecta sobre su pareja. Se vuelve perverso en el primer sentido del término: se desvía de su vacío, de ahí su amor y su odio hacia la personalidad maternal, la figura más clara y contundente de su vida interior.
Para aceptarse a sí mismo, tiene que vencer y destruir a alguien al tiempo que se siente superior. El sufrimiento de sus víctimas le produce un extraordinario disfrute. Para afirmarse, tiene que destruir; para mantenerse a flote necesita hundir a alguien. Destruye pues, cualquier entusiasmo que se pueda producir a su alrededor e intenta demostrar antes que nada que el mundo es malvado, que los demás son malvados y que su pareja es malvada.
La envidia es un sentimiento de codicia, de irritación rencorosa, que se desencadena a raíz de la visión de la felicidad y las ventajas o el progreso o mejoría de la pareja. La envidia comporta dos polos: por un lado, el egocentrismo y, por otro, la mala intención, que se basa en las ganas de perjudicar a la persona envidiada.
Como envidioso que es, lamenta ver cómo otra persona posee ciertos bienes materiales o morales, y desea destruirlos antes que adquirirlos. Si los adquiriera, no sabría qué hacer con ellos; no tiene los recursos ni las habilidades necesarios para gestionarlo. Para vencer la distancia que lo separa del objeto codiciado, el envidioso se conforma con humillar al otro y envilecerlo.

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